November 17, 2011

Hello World!

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Nos llegó el momento de crear una empresa y teníamos una pizarra en blanco. Sabes cuando estás en uno de esos momentos en donde tienes que dosificar todas las ideas absolutamente geniales para no sobreespecificar. Éste era uno de esos momentos.

Kaleidos significa “de forma bella” en griego. Nos inspira la combinación clásica y renacentista de arte + ciencia y el enfoque antropocéntrico de estas épocas. Los integrantes de Kaleidos somos personas afines a la tecnología pero con mucho aprecio por la estética y la belleza. Tanto es así que nuestro lema es “Beautiful code”, código bello y nuestro manifiesto aparece el número áureo.

Al ser un grupo con talento tecnológico, el apartado de tipología de proyectos era fácil de identificar. Sin embargo, otras variables exigían una atención particular.

  • ¿Qué forma de organización interna queríamos implantar?
  • ¿Quiénes queríamos que fueran nuestros clientes?
  • ¿Qué elementos de nuestra forma de ser y trabajar deseábamos seleccionar para diferenciarnos de la competencia?
  • ¿Qué estrategia a tres años nos acercaba más a nuestro objetivo final, la dominación mundial?


Para responder a la primera pregunta, fabricamos una aleación entre las buenas prácticas de nuestra etapa anterior como Unidad de Negocio Independiente en una destacada consultora IT nacional y un documento compartido entre todos los empleados. Empleados que, por formar parte del proyecto fundacional, tendrían una participación en la compañía. El resultado fue una solidez importante en la forma de comunicar y gestionar internamente, basada en la confianza y la responsabilidad, y más de 60 nuevas iniciativas propuestas entre todos. Llevamos aprobadas e implantadas más de un 25% en sólo cuatro meses.

Como enamorados del software libre, flirteamos con la meritocracia siempre sujeta al bien común de la compañía. Nos aseguramos de que todo el mundo siente total libertad para expresarse y aportar su conocimiento e ideas y no calla “porque no toca”.

En el segundo punto, el que trata de poner rostro a nuestros clientes, optamos por la “regla de los tercios”. Un primer tipo lo componen grandes organizaciones, normalmente de naturaleza privada, que disponen de una área de innovación (o algo que así podría denominarse) y que suelen anteponer la calidad y los plazos frente al coste del proyecto. El carácter resolutivo y la garantía que proponemos suelen resultar enormemente valiosos.

Un segundo tipo se alimenta de emprendedores con un proyecto innovador que requieren un socio tecnológico que sepa entenderles y trabajar en un registro muy especial. Muy pocas compañías saben aportar valor a emprendedores y como nosotros mismos lo somos, empatizamos y trabajamos mucho mejor que el resto.

El tercer conjunto lo forman las empresas de diseño y creatividad que necesitan resolver el apartado tecnológico, habitualmente delegado en freelances, que proyecto tras proyecto insiste en erigirse como el gran talón de Aquiles. Somos especialmente buenos acoplándonos a los métodos y entregables de trabajo de estas compañías.

Debería añadir que hay un “cuarto” tipo de cliente; nosotros mismos, la propia Kaleidos, a través de su línea de Innovación. Los empleados pueden proponer ideas y proyectos para ser destino de la inversión interna. Por cierto, que en unas semanas verá la luz uno de esos proyectos.

Sobre el tercer punto a resolver, ¿cómo mostrar la diferenciación? La respuesta más tonta y más cierta es; para empezar, siendo diferente.

Es normal que a tantas empresas les cueste diferenciarse si no es cierto que lo son. Algunas lo consiguen en sus valores pero fracasan en su ejecución. Otras se obsesionan por la diferenciación en tarifas y minan la posibilidad de ir más allá a medio plazo. Las más, recurren a una retórica que mezcla la orientación obsesiva hacia el cliente, el compromiso, el talento humano y profesional y el músculo financiero o de casos de éxito. Sobre el papel, todo suena bien; exactamente igual de bien que todas las demás empresas. Los clientes son al menos tan inteligentes como nosotros y, la verdad, suelen saber ver la homogeneidad cuando la tienen cerca.

Nosotros somos diferentes por muchos motivos.

Para empezar, preferimos dejar pasar algunas oportunidades de negocio si ello puede impedir decir “sí” a otras más innovadoras e ilusionantes. De algo tenemos que comer, pero renunciamos por norma al First Come First Serve.

Cuando tratamos con un posible proyecto, involucramos a varias personas de Kaleidos y nos sentamos a entender por qué es importante ese proyecto para el cliente. La propuesta irá lo más personalizada posible y contendrá varias opciones. En esa propuesta el cliente podrá saber qué personas, con nombres y apellidos, se van a ocupar de que su proyecto sea un éxito, y qué puede contribuir cada una de esas personas al proyecto.

El éxito del proyecto no se define sólo como “cumplimiento de plazos y alcance en el precio establecido” sino que abarca la propia satisfacción del cliente y el impacto real del resultado de un trabajo que nos negamos a que nos aliene. En ese proceso de construcción del proyecto, el cliente pasa a ser un miembro más del equipo (o viceversa) y tiene acceso minuto a minuto a los avances que de forma transparente se le muestran y que esperan feedback inmediato. No sabemos ni queremos aprender a mentir sobre nuestro trabajo y trasladamos la misma fórmula de confianza y responsabilidad interna hacia nuestro cliente.

Queremos resolver el desequilibrio histórico que siempre ha existido entre lo que un cliente paga y la libertad que le ofrece el resultado que se le entrega. Esa libertad tiene muchas cabezas, entre las que destacaríamos la legal, la tecnológica y la de negocio. Para ello, contamos una arma muy poderosa, la sostenibilidad del entregable. Para maximizar este indicador nos gusta rodearnos de expertos internacionales, autores originales del software libre en el que nos basamos y un modelo de upstream y contribución a la comunidad que satisface a todos.

Finalmente, en algunos casos, proponemos convertirnos en socios tecnológicos de facto e invertir en el proyecto, pasando a una modalidad de co-producción o joint venture que destapa otro enorme potencial en la colaboración. Para ser honestos, a veces nos cuentan proyectos que ya nos hubiera gustado haber ideado nosotros.

En cuanto a nuestro objetivo final, la dominación mundial, se basa en tener un impacto medible en el mundo. Aspiramos a convertir nuestro entorno en un lugar más libre y de mayor intercambio de conocimiento y riqueza. En el corto plazo, vamos a distribuir de forma equilibrada los tipos de proyectos según su fórmula de financiación (externa, compartida o interna) y asentar nuestra filosofía de empresa para facilitar al máximo las nuevas incorporaciones. También vamos a explorar para finales de 2012 un primer salto físico internacional que haga más tangible nuestra vocación global. En cuanto a las comunidades de expertos de las que queremos participar, invertiremos todo lo posible por participar en foros, patrocinar eventos y apoyar determinadas iniciativas que compartan nuestros mismos objetivos.

Dicho todo esto, es asombroso cómo queda todavía mucho que pensar y desarrollar estando sólo al principio del proyecto Kaleidos. Confiamos en que la gente con la que nos encontremos por el camino tenga claro que, si no exisitiera Kaleidos, habría que inventarlo.

Los empleados fundadores del proyecto son, por orden alfabético: Pablo Alba, Juan Francisco Alcántara, Alejandro Alonso, Andrei Antoukh, David Barragán, Primitivo Cachero, Antonio de la Torre, Teresa de la Torre, Jesús Espino, Daniel Herrero, Iván López, Yamila Moreno, Andrés Moya y Pablo Ruiz.

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